Boca volvió a caer como local, y aunque el título diga "nueva derrota", todos sabemos que de nuevo no tiene nada. Se repiten los mismos patrones de juego, mismos comportamientos en cancha que no logran mejorar. No hay conexión entre líneas, no se juntan pases para llegar al área, y el equipo sigue limitándose a lanzar centros como única fórmula para encontrar el gol.
Así es el funcionamiento actual de este Boca, un equipo que hace apenas unos partidos despertó ilusiones al dar señales de haber encontrado su juego: fluidez, ritmo e incluso cierta regularidad. Pero todo resultó ser solo eso, una ilusión. Hoy volvió a demostrar que es un conjunto débil, uno que parece estar pidiendo a gritos que el partido termine cuanto antes .
De no ser por los palos y la intervención de Agustín Marchesín, el encuentro pintaba para una goleada de Newell's. Los rosarinos necesitaron tan solo un minuto para ponerse arriba 1-0. Herrera superó a Blondel con facilidad, le ganó la espalda y definió con calidad. Desde ahí, todo fue cuesta arriba para el equipo de Gago. Los espacios se cerraron, anularon a Delgado y Zenón, y tampoco hubo chances claras para Alan Velasco, quien desperdició su única oportunidad rematando un centro de Blanco hacia un destino incierto.
De esta situación surgen declaraciones sorprendentes del propio técnico de Boca, quien afirmó:
"En los últimos partidos no nos habían cabeceado en casi ninguna zona defensiva."
Estas palabras solo llevan a preguntarnos seriamente: ¿qué se entrena realmente durante la semana? ¿O acaso Fernando Gago olvida que cinco de los últimos nueve goles recibidos fueron a través de pelota parada? Basta recordar los encuentros contra Unión, Huracán, Alianza Lima (ida y vuelta) y Newell's. Aunque no todos esos goles fueron de cabeza, queda claro que el entrenador subestimó este aspecto del juego y se empeña en negar las dificultades de su equipo para defender en esas situaciones.
El partido ofreció una pequeña esperanza cuando le otorgaron un penal a Boca (después de 41 encuentros); bien buscado por el Matador, pero pésimamente ejecutado. Para colmo, el rebote terminó en el palo. La suerte tampoco estaba del lado del Xeneize, que además tardó demasiado en intentar presionar.
Que Boca jugó mal es algo evidente para todos, incluido Fernando Gago. Sin embargo, lo más llamativo es que el entrenador asegura no sentirse preocupado. Una ausencia de preocupación que contrasta fuertemente con lo que hace rato viene sintiendo la hinchada, ante el presente del club.