Cada día tomamos decisiones, algunas pequeñas y otras que definen el rumbo de nuestra vida. Sin embargo, muchas veces nos encontramos atrapados en situaciones que nos frustran, que nos hacen infelices o que sabemos, en el fondo, que no están bien para nosotros .
Y aun así, seguimos ahí. Nos quejamos, nos lamentamos, soñamos con algo diferente… pero no hacemos nada para cambiarlo.
La realidad es simple: lo que no cambias, lo aceptas. Aunque duela reconocerlo, cada vez que elegimos quedarnos en una situación que nos lastima, que no nos permite crecer o que no nos hace felices, estamos decidiendo aceptarla. No cambiar algo también es una decisión, aunque nos digamos a nosotros mismos que no tenemos opción.
El miedo al cambio es uno de los principales obstáculos. Nos aterra la incertidumbre, el riesgo de perder lo poco que tenemos o de fracasar en el intento. Pero, ¿acaso no es peor vivir con la certeza de que estamos renunciando a una vida mejor por miedo? El cambio es incómodo, sí. Requiere esfuerzo, valentía y muchas veces, dolor. Pero quedarse en el mismo lugar, sintiendo la frustración de no hacer nada, es aún más doloroso.
Muchas personas se acostumbran a trabajos que odian, relaciones tóxicas, hábitos destructivos o incluso una mentalidad negativa que les impide avanzar. Y aunque se quejan constantemente, no toman acción. Prefieren la comodidad de lo conocido antes que el desafío de lo nuevo. Pero la verdad es que, si no estamos dispuestos a hacer algo diferente, no tenemos derecho a quejarnos.
Cambiar no siempre significa tomar decisiones drásticas de inmediato. A veces, se trata de dar pequeños pasos, de empezar con lo que tenemos y con lo que podemos hacer en este momento. No podemos esperar a que las condiciones sean perfectas para actuar, porque ese momento ideal nunca llegará.
Es momento de preguntarnos con honestidad: ¿qué cosas en nuestra vida hemos estado aceptando por miedo a cambiarlas? ¿Qué sueños hemos dejado en pausa porque nos cuesta dar el primer paso? ¿Cuántas veces hemos preferido la excusa antes que la acción?
El cambio es una elección. Y si decidimos no hacerlo, también estamos eligiendo vivir con las consecuencias de quedarnos donde estamos. Porque lo que no cambias, lo aceptas. Y aceptar una vida que no nos hace felices es el mayor acto de conformismo que podemos cometer.