Las Páginas de la Muerte☠️?
Hace 1 día
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La lluvia caía en gruesas cortinas cuando Daniel encontró el diario. Lo habían dejado en el umbral de su apartamento, envuelto en papel amarillento y atado con un cordón negro .
No tenía remitente ni indicios de quién lo había dejado allí. Intrigado, lo llevó adentro y, con manos frías, desató el nudo.  

Las primeras páginas estaban llenas de nombres y fechas. Algunos estaban tachados, otros escritos con tinta roja. Al principio pensó que era una vieja agenda, hasta que vio un nombre que le resultó familiar: **Gabriel Méndez – 12 de febrero de 2025 – Accidente de tráfico en la Avenida Central**.  

El estómago se le encogió. Gabriel Méndez era un colega suyo en el periódico. Y el 12 de febrero… era mañana.  

Trató de convencerse de que era una coincidencia. Pero al día siguiente, a las 8:30 a.m., su teléfono sonó con una noticia que le heló la sangre: Gabriel había muerto en un accidente de tráfico esa misma mañana, exactamente como decía el diario.  

Daniel sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Corrió a revisar las siguientes páginas. Otro nombre. Otra fecha. **Lucía Ramírez – 15 de febrero de 2025 – Sobredosis accidental en su apartamento**.  

Lucía era su vecina del piso de arriba.  

La idea de advertirla le cruzó la mente, pero temía sonar como un loco. Sin embargo, cuando el 15 de febrero amaneció, se armó de valor y llamó a su puerta. No hubo respuesta. Forzó la cerradura con ayuda del conserje y la encontraron en el suelo de su sala, con una botella de pastillas vacía en la mano.  

El pánico se apoderó de él. ¿Qué era ese diario? ¿Quién lo había escrito? ¿Podía cambiar lo que estaba predicho?  

Pasó horas hojeando las páginas, hasta que encontró algo que le cortó la respiración.  

**Daniel Montenegro – 18 de febrero de 2025 – Asesinado en su apartamento.**  

El diario cayó de sus manos. Miró el calendario. Faltaban tres días.  

La paranoia se apoderó de él. Revisó las cerraduras, puso barricadas en la puerta, dejó de salir de casa. Pero cuando llegó la noche del 17 de febrero, un golpe seco en la puerta lo hizo saltar del sofá.  

El diario seguía sobre la mesa. La tinta en su nombre parecía más oscura ahora.  

Respiró hondo y tomó un cuchillo de la cocina. Si alguien venía por él, no se lo iba a poner fácil.  

El golpe se repitió. Más fuerte esta vez.  

El corazón le latía con fuerza cuando giró la cerradura.  

La puerta se abrió lentamente.  

Y la luz del pasillo reveló una figura en las sombras.  

Alguien que sostenía otro diario.  

Y que sonreía.
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