La Edad Media, conocida como la "Edad Oscura", fue un período marcado por creencias insólitas, prácticas insalubres y una medicina precaria. En este recorrido por las costumbres más extrañas y desagradables de aquella época, te transportarás a un mundo donde la higiene era casi inexistente y lo inimaginable era la norma .
En la Edad Media, bañarse era visto como un acto peligroso. Los médicos de la época creían que el agua debilitaba los órganos y abría la puerta a enfermedades. Por eso, muchas personas, incluyendo la realeza, podían pasar meses o incluso un año entero sin bañarse. De hecho, se consideraba saludable acumular grasa y sudor como una barrera protectora.
En un mundo sin alcantarillado, era común usar cajas de madera para hacer necesidades básicas. Estas se colocaban bajo la cama y luego se vaciaban... directamente en la calle. Imagina caminar entre charcos de orina y montones de excremento. ¡El hedor debía ser insoportable!
Aunque suene increíble, las heces humanas eran un valioso recurso. Agricultores las usaban como abono, mientras que los tintoreros reciclaban orina para lavar tejidos y blanquear pieles. Todo lo que se desechaba terminaba, una vez más, en las calles.
Si tenías un problema dental, la solución era simple: arrancar el diente. Cualquier barbero o carnicero con un par de alicates podía hacerlo. No había anestesia ni higiene. Solo fuerza y tolerancia al dolor.
Aunque suene desagradable, uno de los trabajos más prestigiosos era ser el limpiador personal del rey. Este valiente debía encargarse de ayudar al monarca en sus necesidades más íntimas, incluyendo la limpieza después de sus visitas al “trono real”.
Las pelucas de la aristocracia ocultaban más que cabello falso. Eran auténticos criaderos de piojos, al punto de que era común que los insectos acabaran en los platos de comida. Para disimular el hedor, los nobles usaban perfumes caros, pero el problema persistía.
La solución médica para casi cualquier dolencia era extraer sangre. Los médicos creían que esto eliminaba la "mala sangre" causante de enfermedades. Aunque hoy entendemos mejor la sangre, en aquel entonces, este tratamiento era más dañino que efectivo.
La moda dictaba que la piel pálida era sinónimo de riqueza y belleza. Para lograrlo, las personas aplicaban mezclas blanqueadoras que a menudo contenían sustancias tóxicas, como plomo y mercurio. Este estándar de belleza costaba vidas.
En la falta de productos de higiene femenina, las mujeres medievales recurrían al ingenio. Una solución popular era usar musgo envuelto en tela como absorbente durante sus periodos menstruales. ¡Un ejemplo de resistencia en tiempos difíciles!