Si tienes menos de 35 años y vives en un país desarrollado, es probable que ya hayas sentido el peso de una realidad preocupante: tu futuro se presenta incierto y lleno de desafíos. Pero ¿por qué sucede esto? ¿Qué factores están jugando en contra de las nuevas generaciones, y qué se puede hacer para revertir esta situación?
La juventud actual está marcada por una tendencia demográfica alarmante: son la primera generación que es significativamente menor en número que la generación anterior .
El envejecimiento de la población, combinado con una disminución en las tasas de natalidad y un aumento en la esperanza de vida, está cambiando la estructura económica. Mientras los jubilados aumentan, los jóvenes trabajadores, cada vez más escasos, deben sostener un sistema de pensiones insostenible.
El problema no se detiene ahí. Los políticos, enfocados en ganar elecciones, tienden a priorizar los intereses de los grupos más numerosos y organizados: los pensionistas. Esto deja a los jóvenes en una posición de desventaja, ya que sus necesidades no se reflejan en las políticas públicas de manera significativa.
Por si fuera poco, la economía desarrollada ya no crece simplemente por el aumento de la población activa, como sucedía en el pasado. Ahora, el crecimiento depende de la productividad, y aquí es donde el sistema vuelve a fallar: faltan inversiones en tecnología, formación y sectores de alta productividad.
Aunque la situación parece sombría, no todo está perdido. Los jóvenes tienen el poder de cambiar su destino si toman medidas concretas:
La juventud enfrenta una encrucijada histórica. Sin embargo, también tiene la capacidad de moldear su futuro. Ya sea a través de la acción política, la mejora de sus habilidades o el simple hecho de no quedarse callados, los jóvenes tienen el potencial de romper esta trampa generacional.