Todo lo que me ha enseñado la sociedad es que, vendemos apariencias. Rompemos nuestros esquemas para cumplir las normas de los demás .
Perseguimos la aceptación constante, y nos ponemos de puntillas para llegar a la altura de la lógica moderna. Pero no entendemos nada, porque seguimos juzgando todo aquello que son y que no somos. Lo único correcto es lo que pensamos nosotros. El diagnóstico es un crónico egoísmo con un agudo tono de ecpatía. Perdemos la invisibilidad cuando un nimio foco nos alumbra, pero seguimos siendo los mismos, y ¿qué es lo que cambia para que nos miren distintos? La superficialidad. Aquello que ven en nosotros porque reluce. Solo porque reluce. Lo que lleves guardado en ti, bajo la piel, no importa. Si no vendes la apariencia, no importas.