Ayer fuimos lucidez, hoy somos lujuria. Y tal vez el tiempo tiembla de nostalgia, cuando la indecisión interrumpe las horas. Ese último toque subliminal en la parada, era especial y inolvidable. Arriesgar hasta el límite inmerecido, y arrancar las emociones descolgadas del desdén. ¿Quien reconoce las inseguridades merecidas? La desfachatez siempre desenfadada, el atrevimiento siempre atado al hecho insensato. Quisiera escapar del rencor , quisieras esconder el odio. Rompamos la realidad vencida y interrumpida. La distancia entre la tierra y el océano. Hay que existir, por que la magia que resurge de la vida es inevitable. Me sorprendía cada vez que te veía al vértice del precipicio. Mi autodestrucción cuando fuiste la salida de incendios . Me alejaste sin remedio de tus labios, y mentiste cada vez mejor que nunca. Libremente enamorado, por la brevedad del instante, los interrogantes tan intrépidos, cuando la indecisión ininterrumpida. Tu serendipia extinguida en el verso malinterpretado, donde existe la verosimilitud. Ahora astuto hasta contra la torpeza. Ahora el cronómetro astillado que apunta cada minuto restante entre nosotros. Ahora simplemente te escribo porque mi lamento siente lástima por ti. Ahora mismo escudriñar los "defectos oportunos". Ahora miserablemente te recuerdo. Ahora suena muy mediocre la actitud intensiva, quizá inmerecido por el rencor conmocionado. Ahora infinitamente el futuro eres tú mismo: conmigo. Mientras tanto indescriptible e invidente, por miedo a cualquier perdición.