No soy nadie conocido pero, inexplicablemente, tengo la ilusión de que conozcan mi trabajo al googlear mi nombre y, al mismo tiempo, me pregunto: ¿Para que serviría eso? ¿Qué importancia tendría eso para el mundo? La vanidad prece ser inherente a los humanos, porque incluso yo, que tengo tan poco respeto por lo que de mí diga la gente, aspiro (internamente) a que me conozcan por mi fotografía o por mi poesía… No me gustaría que solo después que muera, a alguien se le ocurra “descubrir“ mi talento (salvo en el caso de que eso le proporcione ganancias materiales a mi decendencia, por supuesto). Después de muertos nada importa lo que digan de uno; no estaremos ahí para verlo, sufrirlo o disfrutarlo. Sin embargo, creo que no debemos sentirnos culpables por alimentar un poquito de vanagloria; está en ti y en mí de forma natural, solo cuando la vanidad se convierte en la marca principal de tu personalidad y domina todas tus acciones, debes preocuparte.