El Reflejo Susurrante?️✨
Hace 1 día
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La familia Ortega llegó a su nueva casa una tarde gris de noviembre. La propiedad, una casona antigua de dos pisos, había estado vacía durante años, lo que explicaba su bajo precio .
A pesar del polvo y los muebles cubiertos con sábanas, tenía un encanto particular: techos altos, pisos de madera que crujían con cada paso y una chimenea enorme en la sala.  

La primera noche transcurrió tranquila. Luego de desempacar lo esencial, los padres, Andrés y Lucía, se fueron a dormir con su hijo Mateo, de siete años, en la habitación contigua.  

A las tres de la madrugada, Lucía despertó. Había un murmullo. No el sonido del viento o la madera acomodándose, sino algo más… palabras apenas audibles. Se quedó en silencio, conteniendo la respiración. Provenían del pasillo.  

Despertó a Andrés con un susurro urgente. Él, aún adormilado, escuchó. Nada.  

—Debió ser tu imaginación —murmuró antes de girarse en la cama.  

Pero a la noche siguiente, el murmullo volvió. Esta vez, más claro. Una voz apagada, como si alguien hablara detrás de la pared. Lucía se levantó, tomó su bata y salió al pasillo con una linterna. Caminó en puntillas, siguiendo el sonido. Se detuvo frente a una puerta al final del corredor. No recordaba haberla visto antes.  

Giró la perilla. Estaba cerrada.  

Los días pasaron, y cada noche los susurros se volvían más nítidos. Mateo también los escuchaba. Decía que eran voces tristes. Aseguraba que una de ellas le había dicho su nombre.  

Lucía ya no podía ignorarlo. Revisó los planos de la casa y descubrió algo extraño: la puerta al final del pasillo no debería estar ahí. En su lugar, según los planos, debía haber una pared sólida.  

Esa noche, esperó a que su familia durmiera. Con un martillo en mano, golpeó la puerta. La madera era frágil, vieja. Un golpe más y se astilló, dejando al descubierto un espacio oculto detrás.  

Era una habitación pequeña, casi un armario. Dentro, encontró una cama infantil cubierta de polvo, juguetes antiguos y un espejo alto.  

Lucía sintió un escalofrío. El susurro sonó justo a su espalda.  

—Mamá…  

Se giró de golpe. No había nadie. Solo su reflejo en el espejo. Pero algo estaba mal.  

Su reflejo no la imitaba.  

Antes de que pudiera reaccionar, la figura en el espejo sonrió. Y el murmullo se convirtió en un grito.  

La casa nunca había estado vacía.
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